Para mi blog

Me gusta mi blog. Porque:
-Cuido lo que escribo
-Utilizo el vocabulario más rico que me puedo permitir
-Desarrollo la historia de un modo muy directo
-Me gusta la cantidad de personajes que hay y como son
-Hay gente que lo sigue y deja comentarios, y eso los honrra.
Me gusta mi blog. Y nadie me va a hacer cambiar de opinión. (:
Leelo, si tienes tiempo, igual te gusta...

viernes, 13 de noviembre de 2009

La verdad

-¡No puede ser! - grité de tal forma que me asusté hasta yo.
Esa frase... era importante. No me acordaba de ella. Imposible. ¡Si la había escrito hace 5 minutos!
Había que calmarse. Eso hice.
Inspira. Expira. Inspira. Expira.
Releí la tesis. De todo lo que había escrito sólo había sacado información precisa de los movimientos en general. Lo que había escrito el padre de Alex en 20 páginas lo resumía yo en una frase. Esa información no me serviría para nada, además, Alex no es médico. ¿Por qué tiene que darme diagnósticos que no tienen que ver nada conmigo? Fuese como fuese, le devolvería el papel y dejaría el tema a un lado. ¿Qué sentido tenía releerlo y volverlo a releer? Exacto, ninguno.
Me acosté sin darle más vueltas. Era tarde y estaba agotada.

Me sobresaltó el despertador. Las 7 am. Como siempre. Esta vez hice todo más rápido de lo normal. Así que me dio tiempo a ver las noticias de la mañana un poco.
Nada interesante. Apagué la televisión y fui al instituto. Estaba bien llegar algo pronto.
Caminé en mi diario kilómetro y medio. Recorrí el patio y entré a mi edificio. 2ºC BACHILLER. Eso es lo que traía en la placa. Entré.
La clase estaba alborotada. Gente gritando, lanzándose bolas de papel, etc. Y no, no iba a ser yo la que pusiese orden. El delegado era Richard. Que, como todo delegado irresponsable, también estaba en el juego.
Por extraño que parezca, en cuanto entré en clase, la gente dejó de montar jaleo, y me comenzaron a mirar; sobretodo los chicos que saltaban por encima de los pupitres y se tiraban bolas de papel.
-¿Qué os pasa? - estaba algo rabiosa, pero tampoco mordía.
-Nada, sólo que, yo por lo menos me he despistado... - era Hiyo. Sinceramente creo que era un mote. Pero hasta los profesores lo llamaban así por lo que ninguno de nosotros sabía su nombre. O por lo menos, la mayoría.
-Ahora ya estoy segura de que no es por eso - estaba colgando mi chaqueta mientras hablaba. Ya no estaba enfadada, solo incómoda.
En ese instante entró el profesor de expresión plástica por la puerta. Todos tomamos asiento.
Hoy íbamos a trabajar con lápices de grafito a modo avanzado. Había estado practicando. No se me dio muy mal.
La siguiente clase fue la de literatura. Estábamos leyendo Lady Macbeth. Cada día después de leer teníamos que hacer un resumen. Ese día no lo tenía conmigo, así que me pusieron mala nota.
Y así toda la mañana, con mejores y peores notas. Para el recreo, había quedado con Sookie en ir al aula de informática. Las dos teníamos que hacer el resumen de Lady Macbeth para mañana.
Cuando salí del insituto, me quedé un poco hablando.
-Oye, ¿que te parece si vamos el sábado a la playa? - me dijo Sookie con entusiasmo - Le he dicho a mi hermano que venga. Es muy majo, seguro que te cae bien.
-Me parece bien - no tenía planes mejores que quedarme en casa. Además, nunca había ido con ella a ningún sitio. Me parecía simpática. Igual podríamos hasta legar a ser amigas.
-¿Te recogemos a las 5?
-Vale.
-Pues hasta el sábado - sonrió y se depidió con un gesto de mano.
Yo fui por el camino contrario al suyo para ir a mi casa. Ahora que lo pensaba, hoy tenía que ir a la academia para hablar con Alex. Además quería devolverle la tesis.
Fui a mi casa a paso tranquilo. ¡Oh, no! Me acordé de que tenía que hablar con mi madre esa noche. Aceleré el paso. Encima tenía muchos deberes y debía hacer las tres cosas.
Llegué a casa y comí. Me cambié e hice los deberes. En este espacio de tiempo mi madre y yo casi no hablamos. Ahora que lo pensaba, casi mejor. No era tiempo para perder.
Me vestí informal. No tenía que sorprenderle para nada. Cogí la tesis y me fui.
Andé, como siempre, 15 minutos para llegar a mi coche. Desde allí fui hasta la academia.
Estaba exactamente igual como la otra vez. El edificio extravagante seguía intacto. Entré disimuladamente y parece ser que no notaron mi presencia. Aunque la verdad, se supone que casi trabajaba allí. Solo debía de firmar el contrato.
Fui al sitio de ayer. Vi la misma escena de ayer. Pero, faltaba Alex. Andé un poco por la sala y logré localizar a John. No era la persona con la que más quería hablar en ese momento pero era mi única alternativa.
-Hola - no estaba agradecida por su escenita por mi, según él, mal "look"; así que fui fría - ¿Está Alex?
-No, se marchó a su casa - me lo dijo también algo frío mientras maquillaba a una modelo que casi le doblaba en estatura.
-Y no sabrás por casualidad dónde vive, ¿verdad? - intenté ser decidida. Quería verle. Quería quitarme este peso de encima.
-Sí, claro. Tienes la "direczión" en el despacho en el que Alex y tú ayer... - se rió - ejem.. bueno...
-¿Qué insinúas? - volví a mi estado de al principio de la conversación. La verdad es que no aguantaba al "señorito". ¡Desgraciado sádico!
-¿Ez bastante obvio, no boñii..ta? - justo en el "bonita" le dio un buen mordisco al chicle que estaba masticando. Después se volvió a reír con sorna.
-Si no lo veo, no lo creo. Confundes a tus modelos conmigo, "querido" - puse énfasis en "querido". ¡Qué estresada me estaba poniendo! - El hecho de que las vistas como unas frescas no tiene que ver conmigo.
-Sobreestimas a Alex, "queñ..iida"
-¿A qué te refieres?
-Se refiere a que todas las modelos han pasado por sus manos, y que tu no ibas a ser menos - esa fue la modelo que estaba siendo maquillada por John. Era morena y vestía un traje hecho a base de lentejuelas y unos tacones de al menos 10 cm.
-Todas las modelos menos tu, ¿no? ¡Já! - me reí y todo.
"En una pasarela encuentras a más mentirosas que modelos. Salvo excepciones, claro está" pensé.
-Mira, tía, déjame en paz - se levantó de la silla y se marchó con las otras modelos. Seguramente para contarles con lujo de detalles las dos frases algo maleducadas con las que me acababa de dirigir a ella.
-¿Ves? - me dijo John como si acabase de ganar una apuesta.
-Bueno, no tengo tiempo. Me voy al despacho - dí media vuelta algo indignada pero sabiendo, sin siquiera mirar, la cara que se le había quedado a John.
Sabía muy bien el camino al despacho. Se me había quedado grabado en la cabeza. Andé colándome bruscamente entre la gente algo agobiada del lugar. Por fin había llegado.
Exactamente lo mismo. Todo igual. Todas las cosas se encontraban en el mismo sitio que ayer. Encima del escritorio vi un papel que traía una dirección. "Espero que John no me haya mentido" pensé para mí.
Salí pitando de aquel lugar. No necesitaba a nadie que me ayudase a encontrar la calle porque la conocía como la palma de mi mano. Siempre íbamos allí Zoey, Sharon, Erin y yo a comprar maquillaje. Tenían una tienda muy buena.
Cuando llegué, fui al portal indicado en el papel y llamé al telefonillo.
-¿Sí? - me contestó una voz masculina.
-¿Eres Alex? - dije con tono suave.
-Sí. Pasa Isobel.
Me abrió la puerta y entré como buenamente pude. Sin que se notase la emoción por conocer algo nuevo.
Al subir el ascensor (que por cierto, tuve que subir 23 plantas, llamé de nuevo a la puerta. Me la abrió Alex, que estaba con ropas de casa y algo despeinado.
-¿A qué se debe tu agradable visita? - estaba con los párpados entrecerrados.
-Venía a devolverte la tesis. La he leído detenidamente y, sintiéndolo mucho, esto no va conmigo. Así que toma la tesis, no quiero saber nada...
-Por favor, Izzi.. perdón, Isobel, quiero completar esta tesis, y estoy casi seguro de que tienes el síndrome. ¿Por qué no quieres saber nada de ella? - su rostro era apaciguado, como cuando le conocí.
-Te dije lo mismo el día que me propusiste ser modelo por primera vez y te repito lo mismo ahora: No quiero ser el "sujeto", ¿vale?
-No te pongas así. Era una propuesta.
-Pues la rechazo - me había enfadado, y le dí un poco la espalda.
-Como quieras. ¿Pero seguirás yendo a la academia, verdad? - parecía...miedo lo que sentía.
-Sí - la verdad, no había quién se enfadase con él.
-Bien.. eh.. ¿mañana a las 5?
-A las 5.
-Hasta mañana.
-Adiós.
Sin que me dijese nada, atravese el salón, ya que inconscientemente habíamos hablado allí sin que yo me hubiese dado cuenta; y atravesé la puerta principal.
Cogí el ascensor y, primero pasando detenidamente por el portal, salí del edificio.
Eran las 7 y media. Me daba tiempo para llegar a casa y hablar con mi madre.
El camino a casa se me hizo muy corto. Pero no estaba asustada. Simplemente me sentía insignificante. Sin uso de razón.
Entré por la puerta. Mi madre estaba sentada en el sofá. Tenía la televisión encendida, pero, en cuanto llegué, la apagó. Con un gesto me indicó que sentase a su lado.
-Hola, mamá - quería parecer simpática para no causar más problemas.
-Bueno, hija, lo primero. ¿Dónde has estado todas estas tardes? - no estaba especialmente enfadada, sólo.. disgustada.
-Con Erin, Zoey y Sharon por la ciudad - no era el momento más adecuado para contarle la verdad. Además, ni siquiera había firmado todavía el contrato.
-Vale, te creo - sus ánimos eran ahora mayores - Lo segundo, por lo que llevo peleando contigo varios días para que lo hablemos.
-¿No será lo de tenerme a..?
-Sí, es.
-Bueno, me limitaré a ponerme cómoda y escuchar - así hice.
-Muy bien, hija - se aclaró la voz - Verás, todo empezó en mi último año de instituto, al curso que vas tu ahora. Yo tenía un novio llamado Umberto - era increíble, llevaba insistiéndole toda mi vida en que me dijese el nombre de mi padre y ahora así, por las buenas, me lo suelta. ¡Ay, lo que hay que oír! - Siempre estábamos juntos. Salíamos al cine, al parque... Aparte, cada vez que salíamos me traía un detalle. En fin, lo que viene a ser un novio atento y romántico. Pero, un desgraciado día, empezó a salir con amigos que no eran de su tipo para nada. Tomaban alcohol, drogras.. bueno, te haces una idea, ¿no?
-Sí, mamá.
-Bien. Pues, como te podrás imaginar, Umberto, como consecuencia comenzó a hacer lo mismo que ellos.
Ya no era el típico novio detallista. Ahora era un macarra maleducado.
Un día salí con él por la noche. Me dijo que me iba a llevar al parque. Sí, al parque me llevó, pero de botellón. Intenté irme, pero él y sus amigos y amigas me retuvieron allí. También intenté separarle de su botella, pero no recibí más que quejas. Ya eran las 12 de la noche, y mi madre estaba preocupada. En ese mismo instante, comenzó a llover. Así que me dijo que si quería pasar la noche en su casa. Como, a pesar de su comportamiento, me apetecía, llamé a mi madre y le dije que iba a dormir a casa de una amiga.
En el trayecto hasta su casa, casi no se podía tener de pies. Era un chico guapo y fornido, pero, pese al alcohol y el tabaco, ahora estaba muy delgado, con ojeras, y, encima, tenía poco fuerza. Por lo que no tuve más remedio que dejar que se apoyara en mi hombro para andar mejor. El tenía 18 años, y vivía solo.
En cuanto entramos en la casa, me pidió que le diese un café y una aspirina para reponerse. Así lo hice. Se lo tomó y a mí me permitió usar su ducha. Me dijo que estaba cansado y que se iba a dormir.
En cuanto entre en la ducha, me di cuenta de que faltaba el jabón y la toalla. Llamé a Umberto y me trajo lo que le pedí. En practicamente muy poco tiempo, me dijo que me asomara un poco por detrás de la cortina y me empezó a besar. Mejor no te cuento el resto, que me parece innecesario.
Dos días después, me empezé a preocupar por que no me empezaba la regla. Cuando pasaron dos semanas, me hice el test de embarazo y dio positivo. Ahí yo tuve claro que quería tenerte. Y, por esta razón, tu abuela me echó de casa. Busqué cobijo en Umberto, que me acogió en su casa y me ayudó durante el embarazo. El apoyaba mi decisión, y yo confiaba en él más que en nadie.
Cuando naciste, se puso a buscar trabajo. A los pocos meses encontró uno bastante bueno. Así que los tres formamos una familia feliz. Pero esto sólo duro un año, porque tu padre se estresó y una noche se marchó de casa mientras tu llorabas desconsoladamente.
Yo me puse muy triste, y tu, en cierto modo, también. Busqué apoyo en mi familia, pero no lo encontré. Como no encontraba empleo, vendí la casa de Umberto a través de un permiso que el me mandó especialmente con el tal de librarse de nosotras. Con ese dinero, compré esta casa y encontré trabajo. Y, como pude, te crié a ti.
Isobel, eres lo más bonito que me ha pasado en la vida, por eso no quiero que te pase nada malo.
-No... no se qué decir - estaba mirando al suelo. Era todo tan nuevo para mí... No sentía nada referente a mi cuerpo. Solo oía la voz de mi madre. La voz de una persona cuál vida desconocía.






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